Miércoles 22 de Febrero de 2012

Receta para el Banquete de la Esperanza

enero 13, 2010 por  
En Padre Guillermo II Jimenez

Para aquellos que van por el mundo sin esperanza, sin consuelo y sin fe; para los que han perdido su autoestima y no ven claro su futuro; para los que no ven la vida con alegría y tienden a perder el sentido y la razón de vivir , los invito para que fijen su mirada en la Santísima Virgen María, señora de la Esperanza, los invito para que la contemplemos en este tiempo en el que celebramos el misterio revelado por el natalicio de su Hijo Jesucristo nuestro Señor; durante los últimos días de su embarazo; imaginémonos todas las expectativas de la Santísima Virgen María por ver el rostro de Dios , nadie había visto el rostro de Dios , ella se preguntaría ¿cómo sería? ¿Cuán hermoso seria? ¿Qué imagen se iba a escoger? Ya que siendo Dios El mismo se pudo escoger su rostro y su figura, ella era consciente que solo participaba de esa gracia de ser el instrumento elegido para darle entrada al mismo Dios al mundo y hacerlo visible.

Esos pensamientos hacían que ella olvidara cualquier otra preocupación, cualquier otro dolor, hacían que se opacara cualquier tristeza, que se esfumara cualquier sentimiento de soledad, de miedo, cansancio o vaciedad. Hacían que ella no le temiera al futuro a la pregunta sobre que va a pasar mañana? Qué será De mi? Sino que por el contrario le trasmitían seguridad y confianza, porque sabía que Dios se ocuparía de todo como lo había hecho hasta ahora.

Esos pensamientos no solo hacían que se perdiera los miedos a la vida sino que le transmitían el más grande sentido de ser y existir; el más profundo amor para ver la vida con alegría y querer vivir para amar a Dios y seguir sirviéndole durante esta vida con el más delicado empeño de cuidarlo y brindarle su más grande adoración.

Entramos en el mundo cristiano en un tiempo de adviento, de gozo y de esperanza en el que todos nosotros también deseamos ver nacer al señor; Dios al igual que en María virgen se ha encarnado en nuestra alma, en nuestro espíritu y en nuestro corazón y estamos como maría viviendo y gestando en nuestro interior una figura de Dios, estamos como en figura de maternidad espiritual, a la manera de san pablo, en una constante configuración con Cristo, haciéndonos imagen de Él, imaginémonos que imagen va a tomar en nosotros. Dios quiere mostrarnos su rostro y sembrar en nuestras vida el mismo gozo de esperanza que sembró y fecundo la santísima virgen de la esperanza; para que veamos la vida con los mismos ojos que iluminaron los ojos de nuestra señora y así podamos encontrar sentido a nuestras vidas y llevar a los que han perdido la fe y la confianza una palabra de vida esperanza y optimismo.

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